lunes, 19 de abril de 2010

¡Cuanto hemos cambiado!





Lo comentaba en la primera entrada del blog, que titulaba "con buen pie", el pasado 22 de enero, y que supuso el inicio de mi tarea a la que, por cierto, he cogido mucho cariño, y a la que dedico parte mi tiempo con gran interés y hasta ahora, con satisfacción. Y digo que lo cité en aquella entrada, pues reconozco que me produce cierta tristeza el cambio producido, con el devenir de los años, en ciertos hábitos de consumo. Soy, por supuesto, consciente, que la creciente incorporación de la mujer al trabajo, fuera de casa, el nuevo urbanismo con la consiguiente pérdida del concepto tradicional de barrio, la llegada de los centros comerciales (normalmente lejos de casa), y la necesaria utilización del vehículo a motor, para casi todo. Es difícil que convivan con hábitos, como comprar diariamente el pan, o los fines de semana y en las grandes fiestas, acudir a la pastelería más cercana a 'por los pasteles', o cualquier otro dulce para compartir de postre, como se hacía, o al menos así yo lo recuerdo. Y, por otra parte, no estoy seguro, si ésto es causa de la 'vida moderna', o de la menor calidad en la oferta de panadería y confitería, que ahora creo con seguridad existe. Mi duda, cree disiparse cuando en barrios de Madrid, que creo conocer bien, y tienen la suerte de contar con un establecimiento cercano de calidad, la respuesta es muy buena: se compra el pan, o a diario, o con frecuencia, y la demanda de elaborados dulces es muy alta. No hay que olvidar que, hoy día, somos capaces de hacer esfuerzos por conseguir aquello que nos satisface, con mayor facilidad que antaño, tenemos más medios de todo tipo, pero también reconozco, que en el sector de panadería, confitería y pastelería, la oferta en general es débil y mal repartida. El centro de las grandes ciudades suelen aglutinar lo mejor, aunque sea escaso, por contra, los barrios periféricos viven huérfanos de ella. Dándose la paradoja, que hoy teniendo grandes panaderos, pasteleros, confiteros, chocolateros, al máximo nivel de la élite mundial, la mayoría de la oferta sea de una mediocridad casi insultante, y lo peor quizá esté por llegar. Pues si los niños no se educan en el sabor, las texturas, en suma, en el placer de comer bien, más tarde, cuando sean adultos, ésta necesidad no estará presente entre sus demandas cotidianas y la situación puede ser mucho peor, si cabe.
Lo anterior, sólo lo planteo con el ánimo de intentar aprovechar el interés creciente que existe en nuestro país, en el mejor sentido, por la cocina en general, para que el pan, los dulces, la repostería, no se quede fuera de ella, y a diario apoyemos lo mejor, en detrimento de lo bueno, y por supuesto, ni que decir tiene, de lo malo.

3 comentarios:

  1. Si vas por Lugo, no dejes de visitar esta confitería: http://www.madarro.net/

    Gracias por tu blog :-)

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  2. Gracias por tu información, no dudes que la visitaré.
    Saludos

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  3. Tienes razón, la vida moderna va acabando con los pequeños encantos

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