sábado, 28 de enero de 2012

Los churros de "El Barriga" vuelven a Puerto Real


Los churros de El Barriga son un poco más gordos de lo habitual y su masa es más esponjosa. Foto: Cosas de Comé
Texto: Pepe Monforte
En Puerto Real eran toda una institución. Hace 5 años Pepa Vega Rodríguez, decidía cerrar su churrería de la calle Nueva, situada justo al lado del mercado y donde había pasado gran parte de su vida. Su marido, Antonio Sánchez Estevez, el que hacía los churros con la ayuda de su nieto Cándido García Sánchez, había fallecido y a sus 87 años ya era hora de dejarlo. Ahora tiene 92 y ha visto con gran alegría como Cándido, en unión de su mujer, Pilar Piñero Riquelme, han recuperado la tradición familiar.
El puesto de Antonio y de Pepa, situado a pocos metros de una de las entradas del mercado de abastos de Puerto Real, era famoso por la calidad de sus churros pero también por la peculiar manera de Pepa de servirlos. Los cortaba con las manos, ya ni se quemaba. Estaba inmunizada contra el calor después de tantos años y había adquirido tal maña que ya no le era necesario ni pesar los churros para lograr el peso exacto que le había pedido el cliente. La estampa se repetía con cada comprador. Pepa ponía cuidadosamente los churros en el papel de estraza, lo cerraba y ya entonces, con una gran sonrisa, ponía el paquete sobre el peso, que indicaba, siempre, la cantidad que había pedido el cliente, ni 10 gramos más, ni 10 menos.
Ellos si utilizan el peso para pesar los churros que hacen cada mañana en el establecimiento que acaban de abrir en la calle San Fernando número 1 de Puerto Real, concretamente el pasado 20 de diciembre. Están a unas calles de donde estaba situado el puesto de los abuelos, pero ellos están muy presentes en el establecimiento. A las ocho de la mañana comienzan a salir las primeras ruedas. Cándido, que estuvo trabajando algunos años junto a ellos en el puesto de la calle Nueva, utiliza incluso el mismo molde que utilizaba Antonio Sánchez Estevez.
“Los churros salen un poco más gordos porque el tenía puesto un boquete un poco más grande al final del molde de los churros”. Cándido utiliza incluso la misma harina de el abuelo, “Don Churrito”, un producto especial para hacer churros que elabora la harinera Virgen de los Milagros de El Puerto. Lo único que ha cambiado es el perol donde se hacen los churros que lo ha comprado nuevo. La fórmula: harina, agua hirviendo, sal y levadura es la misma que le enseñó su abuelo. El amasado logra que le salgan algo más esponjosos que otros del mercado y ésto, junto a un dorado intenso, hacen que estos churros tengan su personalidad. Cándido utiliza incluso el mismo método que su abuelo para echar los churros en el perol. Se coloca una pequeña tabla en el pecho y con las agarraderas que tiene el molde va tirando hacia su propio cuerpo con los brazos, haciendo que así vaya saliendo la masa por el otro extremo. Ha preferido mantener este método, el de su abuelo, y no comprar las churreras que se utilizan ahora en el mercado y que evitan al churrero realizar este esfuerzo.
Esta técnica la utilizan ya pocos churreros, ya que requiere un gran esfuerzo. Cándido, en unión del churrero Manuel Gómez del puesto de Ana, son ya de los pocos profesionales que utilizan este moldes e indican que lo hacen “porque así salen mejor”.
Los churros se pueden comprar tanto para llevar (a 7 euros el kilo) como también en el mismo establecimiento, tanto en la barra, como en unas mesas que hay dispuestas. También tienen chocolate caliente para acompañarlos, además del café.
Los churros los hacen tanto por la mañana como por la tarde para la merienda, excepto los lunes por la tarde que cierran. El establecimiento está lleno de recuerdos de los abuelos con fotos tanto de la churrería que tenían en la zona de El Porvenir como la que luego regentaron junto al mercado, donde también, recuerda Cándido, hacían patatas fritas.
Lo de “El Barriga” es en honor al apodo que siempre ha tenido la familia. Se lo pusieron a su bisabuelo al que bautizaron en Puerto Real como “El Barriga verde” y desde entonces se les ha quedado, a pesar de que ninguno de ellos está gordo. Este churrero, que tiene ahora, 38 años, ya hacía churros con 15, cuando trabajaba con su abuelo. Pilar Piñero, que le acompaña en esta aventura empresarial, también conoce el oficio de la hostelería ya que lleva quince años tanto en este sector como en el de la pastelería, concretamente en Lérida donde ha estado algunos años. Pilar también realiza para el bar algunos dulces como tortas de miel y piñones o de anís y además de los churros tienen también pan, algunos bocadillos y unas rebanás de pan de pueblo que preparan con pimientos y berenjenas asadas y anchoas.
Foto: Cosas de Comé

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